Lawrence Kohlberg

Kohlberg, quien contribuyó a la documentación del área de desarrollo moral, a través de un método de intervención consistente en proponerle a los sujetos dilemas morales hipotéticos que intentaba demostrar que los seres humanos disponen de libertad para actuaciones susceptibles de recibir una calificación moral, es decir, que puedan ser juzgadas como buenas o malas, justas o injustas. De esta forma, la sociedad juega un papel fundamental en el desarrollo moral, por las oportunidades que tienen los niños y niñas de tomar las perspectivas acerca de la moralidad de otras personas (ME, 1998). La moralidad se refiere a las cuestiones sobre lo que es aceptado o no aceptado en un contexto de convivencia humana. En los primeros años de infancia es total la influencia de los adultos sobre el niño y la niña, acerca de las ideas de lo bueno y de lo malo, de lo justo e injusto, de correcto e incorrecto. A medida que el niño y la niña crecen se darán cuenta de que la libertad para actuar determina que sus actuaciones son susceptibles de recibir una calificación moral, es decir, que puedan ser juzgadas como buenas o malas, justas o injustas, según el medio donde se desenvuelven.

 Aportes de estas tendencias al currículo de Educación Inicial:

 • Se hace presente la necesidad de auspiciar en la práctica pedagógica, la discusión de temas morales, la no-imposición de puntos de vista, el favorecer la autonomía, la participación en la elaboración de las pautas de convivencia y su cumplimiento, el respeto al ritmo de trabajo y a la espontaneidad, las oportunidades para trabajar, compartir, colaborar, resolver conflictos, el trabajo en grupos.
 • La importancia de que docentes, familias y otros adultos significativos de los niños y niñas sean coherentes en sus comportamientos con las pautas de formación en cuanto a valores, normas y conductas relacionadas con la moralidad. 
• El énfasis en el aspecto afectivo, para propiciar la confianza y seguridad emocional, de manera tal que permita al niño y la niña puedan compartir sus experiencias sin percibir amenazas externas; prestar atención a las reacciones emocionales frente a las dificultades y promover el enfrentamiento de los retos con éxito.
 • El logro de un clima afectivo en un ambiente de aprendizaje que resulte agradable y motivante, tanto para los niños y niñas como para los(as) educadores(as).

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