Erick Erikson 


Erikson desde una posición crítica del psicoanálisis enfatiza que el desarrollo humano se da en las fases psicosociales al contrario de las fases psicosexuales que planteo Freud. El autor de acuerdo a sus investigaciones, destaca que la relación padre- hijo es fundamental en el desarrollo de la personalidad. Erikson considera que en la infancia es conveniente que el niño sienta que sus necesidades y deseos son compatibles con los de la sociedad, de lo contrario se sentirán rechazados o cuestionados. Solo si se consideran competentes y apreciados ante sí mismos y ante la sociedad adquirirán el sentido de la identidad.

Profundizando este planteamiento acerca del desarrollo social y emocional, que constituyen la base del desarrollo integral del niño y la niña, así como la importancia del contacto entre los seres humanos, investigaciones como las de Goldberg (1983) y Lamb (1982), citados en ME (1998) afirman que los primeros contactos resultan críticos para el establecimiento del “vínculo” entre padres e hijos, y que para que se produzca el desarrollo social y emocional en el niño y la niña se necesita el contacto humano. En la misma línea, Bowlby (1969) enunciado en ME (1998), señala que el apego constituye una necesidad básica tan indispensable como la alimentación. Esta búsqueda de contacto o proximidad física “piel a piel”, es considerada como el primer lazo social que se desarrolla entre madre e hijo, base de la socialización del individuo, razón por la cual se ubica primordialmente en la primera infancia. No obstante, es importante destacar que las relaciones de apego no se establecen exclusivamente con la madre, sino con cualquier persona (padre, cuidador u otra) que sea significativa para el niño y la niña, es decir, hacia cualquier figura que permanezca en contacto frecuente con el o ella y que satisfaga sus necesidades. Este contacto social inicial constituye un elemento importante para el posterior desarrollo de la personalidad. Aportes de estas tendencias al currículo de Educación Inicial: • El afecto es fundamental para el desarrollo armónico del niño y la niña, toda relación social promovida en el ámbito educativo y familiar debe basarse en la afectividad. • Las relaciones sociales infantiles suponen interacción y coordinación de los intereses mutuos, en las que la niña y el niño adquieren pautas de comportamiento social a través de los juegos, especialmente dentro de su grupo de pares (niños y niñas de la misma edad, con los que comparte tiempo, espacio físico y actividades comunes). • Las niñas y niños aprenden a sentir la necesidad de comportarse de forma cooperativa, a conseguir objetivos colectivos y a resolver conflictos entre individuos. • El desarrollo social incluye los intercambios entre una persona y las demás, que deben favorecer adecuadamente al desarrollo de los procesos básicos de: identidad, autoestima, autonomía, expresión de sentimientos y la integración social. 
• Es importante resaltar que estos procesos se configuran durante la niñez y en ellos influyen de manera relevante la vivencia de experiencias: o Que permitan al niño y la niña tener una visión positiva, optimista de sus características, capacidades y habilidades físicas, cognitivas y sociales para desenvolverse en el ambiente y de su contexto personal (nombre, edad, familia, pertenencias, acontecimientos). o De manifestación de sus sentimientos y emociones (alegría, tristeza, rabia, temor, ansiedad, etc.) que forman parte de su vida como ser humano. o De relaciones afectivas y satisfactorias con las personas que los rodean, así como también el desarrollo de los estilos de interacción que las mismas producen. o De relación interpersonal en que el niño y la niña participan, cuyas representaciones abarcan varios aspectos, entre los que se encuentran: la de la propia imagen corporal y del género.  

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